
Cada día, desde hace más de 30 años, saca un poema de su bolsillo y lo lee:
"Dime por favor dónde no estás,
en qué lugar puedo no ser tu ausencia,
dónde puedo vivir sin recordarte
y dónde recordar sin que me duela.
Dime por favor en qué vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma
y no el sentir que tú te encuentras lejos.
Dime por favor por qué camino
podré yo caminar sin ser tu huella;
dónde podré correr por no buscarte,
y dónde descansar de mi tristeza.
Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol que tiene luz tan solo
y no la sensación de que me llamas.
Dime por favor dónde hay un mar
que no susurre a mis oídos tus palabras.
Dime por favor en qué rincón
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada
que no tiene apoyada tu cabeza.
Dime por favor cuál es la noche
en que vendrás para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y no puedo morir, porque te quiero.
(Jorge Luis Borges)
¿Qué ocurrió hace más de 30 años para llegar a este estado de cosas?